CTA Avellaneda despide con profundo dolor a Osval Suárez, personalidad del deporte perteneciente a una generación dorada de deportistas comprometidos, perseguidos por haber estado siempre junto al pueblo trabajador.

Nacido un 13 de marzo de 1934 en Wilde, provincia de Buenos Aires con sólo 12 años, comenzó su carrera atlética en 1948, corriendo 8 Km. en una prueba organizada por “Indio Fútbol Club”.

“Un 25 de mayo participé de una carrera para acompañar a unos amigos que corrían. Salí segundo a 50 metros del primero. Al ganador lo desafié a correr en 12 kilómetros por un asado y menos mal que le gané, porque si perdía no le podía pagar… En ese tiempo me ficharon para el club Esperanza, de Sarandí. Luego pasé al Estrella del Sur, en Wilde y tiempo después Reynaldo Gorno (medalla de plata en la Maratón de los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952) me llevó a Independiente. Trabajaba 12 horas en el lavadero de mi padre y luego partía a entrenar”, contaba el mismo Osvaldo.

Su primera actuación destacada fue su cuarto puesto en los 1500 metros del Campeonato Sudamericano que se celebró en Buenos Aires en 1952 y ese mismo año corrió la legendaria Maratón de los Barrios que organizaba la revista “El Gráfico”. Al año siguiente, representando al club Velocidad y Resistencia, se impuso en la prueba, éxito que repitió en 1958, 1960 y 1962 (ya en esta época la revista dejaba correr nuevamente a los ganadores, cosa que no ocurrió durante los primeros años).

En la del año 62 superó al argelino Hamoud Ameur, al cual no lo podía vencer desde varias pruebas anteriores. “El argelino corría y miraba para atrás, siempre a su derecha. Cuando llegó el momento de rematar la carrera, que era mi especialidad, levanté la velocidad por la izquierda de su cuerpo y ni me vio pasar. Nos encontramos en la llegada. No entendía nada,”recordaba con mucha picardía Suárez.

El comienzo de su rutilante trayectoria internacional lo marcaron los Juegos Panamericanos de México, en marzo de 1955, donde se impuso en los 5.000 metros con un tiempo de 15’ 30” 6/10 y los 10.000 metros con 32’ 42” 6/10, siendo una de las figuras del atletismo continental de este torneo.

Ese mismo año haría puesta con Reynaldo Gorno en la Maratón de Einschede, Holanda. Todo indicaba que al año siguiente seria uno de los medallistas en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956, pero fue otro de que no le permitieron viajar "Cuando los militares (la llamada revolución libertadora de 1955) no me dejaron viajar a los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956, tenía 22 años y un tiempo en el maratón de 2 horas 23 minutos. Finalmente, el que ganó tenía 40 y lo hizo en 2h25m. Así que yo ganaba seguro, todavía estoy con bronca por aquella decisión de la comisión investigadora N°49 que me bajó del avión a sólo cinco días de volar. Si hasta ya tenía el pasaporte visado. Me trataron como a un delincuente y llegaron a decir que había ido acomodado a los Panamericanos de México 1955, donde había salido doble campeón. Una locura".

Suárez contrajo matrimonio el 30 de diciembre de 1960 con Ema Durán (con quien tienen dos hijos, Roberto Guillermo y María Teresa) y, enseguida ganaría tres medallas doradas en los Juegos Iberoamericanos de Santiago de Chile, en 5.000, 10.000 y Maratón.
En el sudamericano de Cali, Colombia, de 1963, volvería a ganar dos medallas doradas, logro repetido en los Juegos Iberoamericanos que se realizaron en Madrid, España, al volver a imponerse en los 5.000 y los 10.000 metros, logrando el tercer puesto en los 1.500.

En esta ocasión y acompañado del declatonista Héctor González, se entrevistó con el general Perón, exiliado en la capital española. Le regalaron las medallas obtenidas "por lo que había hecho por el país y por el deporte argentino". El general agradeció el gesto, pero les pidió que las llevaran a la Argentina, porque de lo contrario tendrían problemas al regresar. Curiosamente al año siguiente ambos fueron despedidos de sus trabajos.

Según cuentan algunos viejos dirigentes del peronismo, Osvaldo Suárez fue uno de los mejores mensajeros entre Perón y el Comando Superior de su Movimiento en la Argentina durante la resistencia. ”Era un hombre muy querido, respetado por toda la sociedad por su humildad. Nunca tenía un gesto de soberbia pese a ser un deportista admirado”, cuenta uno de los veteranos dirigentes, orgullosos de la llamada “resistencia peronista”.

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